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Perdidos en Isla Oups !

Una aventura para celebrar el trabajo en equipo

ESCRITO E ILUSTRADO POR:
HECTOR DOMINGO ®
TAMAÑO MEDIA CARTA:
5.5" x 8.5" (13.97 x 21.59 cm)
PÁGINAS EN BLANCO Y NEGRO
BISAC: JUV045000

El profesor Dil Olikian inventó una impresora con la que podía hacer real cualquier ser que diseñara.
Lila, la hija del profesor, pidió que le imprimiera tres peces raros, un par de gatos peludos y un loro.
Cuatro días después, Lila y el profesor se dieron cuenta de que los animales cambiaban de forma y que la computadora en donde los diseñaron estaba infectada por un virus.
Así es como empieza la gran aventura de: Perdidos en Isla Oups!

¡ESPÉRALO PRONTO!

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1

Al pez verde le salieron tentáculos. Al pez color naranja se le llenó la piel con ojos redondos que brillaban como pequeños relámpagos en una tormenta. El pez blanco se cubrió de pelo y desarrolló una larga nariz.
El cuerpo de uno de los gatos fue ablandándose hasta que parecía que estaba hecho de gelatina. Luego se volvió invisible. El segundo gato se infló igual que un globo y perdió todo el pelaje. Luego también se volvió invisible.
Lila y su padre, el profesor Dil Olikian, supieron que a estos gatos invisibles les gustaban las plantas, porque siempre los oían moverse y maullar cerca de unos arbustos que tenían para adornar la sala.
El profesor había impreso también otros animales. Doce en total. Estaba tan emocionado que olvidó ser más cuidadoso al probar su máquina. ¡Y ahora todas las mascotas habían cambiado tanto! ¡Y seguían cambiando cada noche!
—Soy el responsable de todo este desastre —explicó el profesor a Lila—. Y ahora estoy obligado a poner una solución.
Lila y el profesor vivían en un viejo barco anclado al muelle. El barco no servía para navegar, porque los motores estaban estropeados. Por eso fue que el profesor pudo comprarlo a precio de chatarra. Pero era un barco más o menos grande y tenía espacio de sobra para los experimentos del científico y los proyectos robóticos de Lila.
—Tal vez en este sitio podemos crear un lago pequeño —dijo el profesor, señalando una zona del barco—. Un pequeño lago para que nadie moleste a los peces, porque no sé cuánto más van a seguir cambiando hasta que tomen sus formas definitivas.
Lila estuvo de acuerdo.
—En esta otra parte del barco podemos llenar con tierra y sembrar dos o tres árboles pequeños —siguió hablando el profesor—. Así estarán felices los gatos invisibles… o cualquier cosa en la que vayan a convertirse al final…
Para el loro, que ya no era loro, sino más bien una especie de lagartija con pico de loro y alas de murciélago al que le gustaba enterrarse en la arena, crearon una playa circular alrededor del lago.
—¿Y si los animales se volvieran peligrosos? —preguntó Lila.
El profesor se quedó callado. A veces uno piensa que no hablar de ciertas cosas evita que sucedan, pero no es cierto. Bastaron diez días más para que las cosas empezaran a salirse de control.

2

El barco fue pareciendo más una isla que un barco. Cada vez había más zonas cubiertas con arena y con árboles.
—¡Son los gatos invisibles! —exclamó Lila—. Anoche vi que llegaban flotando varios montones de arena.
—¡Y piedras! —dijo el profesor—. ¿Ya viste el tamaño de esas piedras! No imagino cuánta fuerza tendrán ahora esos gatos para poder arrastrar cosas tan grandes y pesadas.
—Y el barco… —murmuró Lila— ¿Por qué no se ha hundido el barco si le están poniendo tantas cosas encima?
El profesor Olikian supo que era el momento de hacer que su barco navegara por el océano. Si continuaban atados al puerto, la gente empezaría a preguntarse porqué la arena y los árboles. Por qué la pequeña laguna y esos ruidos tan extraños hechos por bestias desconocidas. Después la policía vendría a investigar el barco.
Lo que menos quería el profesor era que otras personas vinieran a enterarse de sus descubrimientos, ya que podrían hacer mal uso de ellos.
¿Pero cómo hacer que el viejo barco navegara si no tenía motores?
Hasta ese momento, la única energía que tenían disponible era gracias a los paneles solares que habían instalado para alimentar las máquinas del laboratorio. Pero poner más paneles y hacer que el barco se moviera por medio de motores eléctricos significaba contratar a un ingeniero para que estuviera al pendiente de que todas las instalaciones se mantuvieran funcionando.
—¡Ya sé cómo! —dijo el profesor a Lila—: Uniremos lo mejor del pasado con lo mejor del futuro. ¡Construiremos una gran turbina de vapor!
A Lila le pareció una idea excelente. Sería una turbina grande que sirviera también para filtrar el agua salada del mar. Así podrían tener agua para beber. Tendrían también un pequeño río con una cascada y el vapor sobrante serviría para hacer nubes.
—¡Nubes de lluvia suave para nuestros árboles y una pequeña cascada! —insistió Lila—. ¡Ya quiero ver esa turbina funcionando!
—¡Hija, eres una genio!
—Claro que lo soy, papá. ¿Cuántas niñas de mi edad pueden fabricar robots?
El profesor y su hija echaron a reír.

PERDIDOS EN ISLA OUPS ! POR HECTOR DOMINGO

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